miércoles, 23 de mayo de 2012

¿Hasta que la muerte los separe?

La hija se preguntaba qué haría con uno cuando el otro faltara. El padre le respondía que no se preocupara porque ese día no llegaría jamás. Cada tarde era una serenata de insultos que remontaba a épocas pasadas, de zaguanes y leche fresca, de vacas recién ordeñadas. Él no caminaba. A ella se le morían los recuerdos de a poco. Él aún soñaba con un mundo mejor, construido con banderas coloradas. Ella seguía viendo a Perón saludando desde los balcones, con la promesa del cambio inminente. Sin embargo, cada pelea, cada grito, no era más que un sello eterno despojado de diferencias, de medio siglo de sueños inconcretos. Esa noche sería el inicio de cientos de historias que aún no se han escrito. El corazón de ella comenzaría a desprenderse del hilo que la ataba a la vida. Las sirenas eran el único sonido que envolvía al barrio, que los conocía con sus idas y vueltas. Se la llevaron. Él lo supo: la despedida era irreversible. Pasaron a penas dos días. Él comenzó a perder la lucidez con la que comprendía al mundo sin saber de su casa. Ella tenía preocupaciones resueltas hacía más de treinta años. Para él, ya no había bastones ni fuerzas que pudieran levantarlo del pozo asesino de la cama. El mundo estaba distraído ese día. Los cuartos de final entre Argentina y Alemania habían cubierto de indiferencia el resto de las cosas. Poco importaba que ella llamara a su hermano muerto quince años atrás. Él cazaba perdices y palomas desde la inmovilidad que lo había atrapado. Desde el hospital las versiones se contradecían todo el tiempo: que mejora, que empeora, que se muere. Los dos padecían la dulce espera, pero ninguno sabía cómo estaba el otro, aunque por alguna razón estaban intranquilos. La mañana del 15 de julio, Córdoba amaneció con los pastos blanqueados. Ella cerró los ojos para siempre, pero decidió no abandonarlo al naufragio de la soledad. La hija ya no debía preocuparse. Él también eligió el 15 de julio para morir. No le hicieron caso a la absurda sentencia del cura.

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