lunes, 18 de abril de 2011

Reality


Todos entran con la misma promesa: ganarse al público pasivo, y quedarse con el premio mayor.
En primeros términos no hay enemigos. Cada quien arma su estrategia de la manera más conveniente de acuerdo a la situación. De este lado, no queda más que sentarse a esperar que el juego adquiera adrenalina. Al principio, todas son caras bonitas.
Dicen que soy parte, pero apenas me siento una tercera persona que cree que está observándolo todo. Hay un líder al que algunos atrevidos ya le atribuyen la gloria.
El paso del tiempo es clave, y las imágenes menos significantes irán desapareciendo de la escena. No obstante continuarán teniendo voz y voto hasta el veredicto final. Quizás, no tienen nada interesante que ofrecerle al pobre tipo esperanzado que los mira a través de la pantalla. Así, se ocupan en descalificar a los que aún se encuentran en la cruda disputa.
Los medios mienten y con imprudente cinismo alegan imparcialidad: cambian el protagonista de la competencia según les parece, y yo me encuentro cruzando de una vereda a la otra sin saber qué elegir. Sin ruta. Ambos me parecen interesantes. Sin embargo, no quiero ir en contra de mi primera convicción. A continuación, aparece en el acto un personaje inesperado, que le hará temblar los cimientos al cabecilla del grupo.
Cada fanático con su pancarta espera ser reconocido con algún comentario inútil, para gritar algo improductivo (quizás con el afán de sentirse una pieza importante en esta hipocresía que parece estar desarmada). El frenesí es pasajero, y durará hasta que el juego se repita, con otros nombres y destrezas que aún no imaginamos.
El día del show las cámaras sólo enfocan la pulcritud de una esquina, y atrás queda la mugre del día a día. Cara a cara, todos resaltan las miserias de los otros, o se halagan entre sí. Algunos miran a las cámaras y hacen guiños, tratando de buscar complicidad. Otros, simplemente miran la punta de sus zapatos. Por supuesto: todos peinados y exageradamente maquillados.
Algunos cobardes, incompetentes abandonan la partida, por temor a la derrota. Otros se van y vuelven para cambiar el discurso o limarle las asperezas, según el público lo necesite.
La carrera ya está en marcha, y del gran número del principio, sólo quedarán unos pocos (que entran en los dedos de una mano). Parece que habrá que elegir entre varios, pero en realidad sólo serán dos (ya sabemos quiénes) los que lleven la contienda. Frente a las cámaras se felicitarán, pero después festejarán o llorarán desde el egoísmo. Perder es feo, pero salir segundo es mucho peor.
La competencia es sucia y descarada. Las miserias humanas salen a la luz a lo largo del proceso. Las pasiones se reprimen. Se muestra el sexo, se oculta el baño. Sin embargo yo sigo ahí atrás, tratando de interpretar la realidad virtual. Violencia, ironía, maldad, alianzas y desalianzas, envidia, miedo, egoísmo, soberbia, interés. Todo vale. Como en la guerra y en el amor.
Señores: La campaña electoral del 2011 ya comenzó.

@strellasalerno

2 comentarios:

  1. pucha mira q yo pensaba q habia algo mas, era logicooo.. super super super buenooooo.. q punto d vista mas loco y real... me saco el sombrero stella besooooooooooooooooooooooooooooo

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  2. Y me fuiste llevando pero en realidad estaba yendo solo porque el final me dejaste con la boca abierta. Me encantó Stella...si me permite Maxi, yo también me saco el sombrero.

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