martes, 7 de junio de 2011

7 de junio: Día del Periodista

Tuve un sueño en blanco y negro. Había un soldado empedernido en medio de una guerra irreal. Sólo él era partícipe de las luchas. Sin aliento, corrió hacia donde estaba el Teniente General. Le recitó una lista con los muertos que sumó, otra con los civiles que capturó y otra, con los inocentes a los que señaló.
El Teniente, incrédulo, le pidió pruebas de lo que decía. El soldado contó los detalles de cada momento que enumeró y aunque su uniforme era un harapo y tenía huellas de trabajo meticuloso, el Teniente, no le creyó.
El soldado, que sin embargo resistió a la mirada soberbia del jefe, volvió al campo de batalla que, esta vez, no estaba desierto. Había otros cientos de soldados, idénticos a él, que buscaban algo. Quién sabe qué. Todos eran iguales, como si una serie de espejos se hubiesen convertido en muros.
El soldado, observó con desconfianza la situación pero no se detuvo con cuestionamientos. Siguió mirando a su alrededor, persiguiendo los rastros de lo que había hecho antes.
Luego de horas y horas de estar tras una pista que ya se había esfumado en el recuerdo, el soldado volvió con el Teniente. Pero ahora, antes que él, había una fila interminable de perfecta simetría.
Los soldados que lo precedían, salían con los rostros satisfechos de aquella oficina. Quizás sintiendo que el Teniente, oyó lo que deseaba.
Cuando llegó el turno del soldado, el Teniente denotaba cansancio en su postura. Antes de empezar a hablar, el jerárquico se anticipó y dijo:
-Soldado, sus compañeros ya trajeron lo que le pedí a usted. Espero que haya vuelto con una novedad.
En ese momento, el sueño se volvió una nebulosa, y desperté sin entender demasiado. La radio anunciaba mi nueva jornada:
- “Un hombre muere acribillado en la puerta de su casa, confirmó el jefe de la Policía de la Provincia. Vea las imágenes en www.nuestraradio.com”.
Entonces descubrí, que mi sueño era un mensaje de mi inconsciente, y el blanco y negro de las imágenes que mi cabeza inventó, se tiñó de amarillo apenas regresé de mi sopor.
Entendí que soy soldado de mi propia guerra, y el Teniente espera, hambriento, una voz más importante que la mía. Y en esta lucha invisible que todos ignoran, hay miles y miles de soldados igualitos, que automatizan cada uno de sus movimientos para que el Teniente se sienta satisfecho. Aunque el campo de batalla esté vacío, la competencia se filtra por los poros, la palabra es el arma más poderosa, y el canibalismo periodístico es más fuerte que cualquier cañón.
¡Feliz día, sodados y tenientes! Brindo por todos aquellos que se ponen al hombro la profesión. Para que el periodismo siga siendo “el oficio más hermoso del mundo”.

@strellasalerno

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