En la tumba había una mujer arrodillada. Pedía por la salud de su marido moribundo.
Primero pensé que estaba loca. Pero al acercarme, noté que había restos de velas alrededor del sepulcro. Todas amarillentas, como testigos de una historia inconclusa.
Le pregunté quién era. Me miró con esa cara que se mira a los ignorantes. A los que no saben nada de nada.
-La Ramonita. Es muy milagrosa, ¿vio? A mí siempre me cumple y yo vengo y le pongo una vela.
Ramona Viviana Moreno vivió en la Córdoba de Jardín Florido. En los suburbios del centro. Ahí donde la Cañada le dibuja la sonrisa a la ciudad.
Era de esas mujeres mal vistas para la época: No bordaba, no cocinaba, no tenía planes a futuro y tampoco fue mujer de un solo hombre.
La noche en que la mataron, era distinta. En el aire se olía la muerte.
Ramona había vuelto, una vez más, de una de las comisarías en las que ya la conocían. Abrió la precaria puerta de su casa.
Su hermana Dalmira le hizo un guiño y le dijo que en la pieza la esperaba alguien.
Se ilusionó. En seguida pensó en Antonio, un muchacho que, por entonces, arrancaba los suspiros a las jovencitas de la zona. Consideró que si era él, no le cobraría.
Cuando entró a la habitación, sus ojos se opacaron: Celestino González, “el loco enamorado”, aguardaba su cuerpo desgastado, con cierto ímpetu asesino.
Entró como sabiendo que los finales buenos no existen. Pero no emitió ningún sonido y dejó que el reloj hiciera lo suyo con el tiempo.
Cada vez que Ramona “trabajaba”, Dalmira se iba a timbear con las amigas del frente. Horas y horas de truco y chin-chón le hicieron olvidar que en su casa había dejado a Ramona con Celestino.
Ramona no emitió ningún sonido. Dicen que no agonizó porque quería irse del mundo que giraba a la inversa de su vida.
El hombre la tomó del cuello y con un cinturón de cuero tiró hasta ennegrecerle el rostro. Quedó con los ojos abiertos. Celestino se asustó. Rezó lo que se le reza a los muertos. La levantó en sus hombros y se la llevó.
El jolgorio de la casa de enfrente, no notó el acontecimiento. Nadie lo notó. Fue como si la Docta se hubiese ensordecido y enceguecido de repente.
El hombre la tiró en un barranco que había en un baldío, bien al fondo de Barrio Güemes, en la punta de la calle Marcelo T. de Alvear. Cubrió su cabeza con los ladrillos de una obra en construcción. Y se fue silbando bajito, como si hubiese enterrado un montón de recuerdos.
La encontraron siete días más tarde, después de que la hermana notara que nunca había estado tanto tiempo en una comisaría. Los bichos ya habían convertido su cuerpo en migajas y de aquel pozo solo salían aromas a juventud perdida.
Los cordobeses hoy la han sumado a su lista de leyendas.
La mujer con la que hablé me lo confirmó:
-Es Santa. La Ramonita no se olvida de los pobres, porque ella era pobre.
Sacó un pañuelito viejo y se limpió una lágrima que le dibujó un surco en la mejilla. Se hizo la señal de la cruz y se alejó.
El viejo Cementerio San Vicente se convirtió en la línea difusa del horizonte, donde se pierden los personajes de las historias más bellas. Esas que pasan como un manojo de palabras, año tras año… de generación en generación.
Stella-
http://www.youtube.com/watch?v=RFoMDIWldqc
ResponderEliminarHola, Soy Silvina de San Juan, pertenezco a un grupo de teatroUniversitario(Vibavivo) donde representamos la vida de Raminita Moreno en la obra: "El juego de las palomas" de Sonia Daniel (Autora de la Prov de Córdoba). Un placer que brindes esta información...
ResponderEliminarEn 1980 mi madre y yo hablamos con un hermano de Ramonita, a quien encontramos visitando su tumba. Él aseguraba que su asesino la trasladó en un automovil hasta el barranco, y que su número de patente quedó estampado en la pared del barranco, al que chocó luego de arrojarla. Según él ese era el primer milagro de Ramonita. Octavio
EliminarMe alegro que sirva, Silvina!! Un abrazo cordobés. Stella.
ResponderEliminarla historia bonita
EliminarIncreible historia de niña fui a su tumba rece y le pedi que me ayude en ese entonces iba a la primaria muchas veces le regale mis cuadernos ella siempre me ayudo.GRACIAS RAMONITA
ResponderEliminario crecien en el centro de la docta con la mama íbamos al san vicente a llevarle flores y a la barranca de la bajada julio a roca allá por el 58, ella le pedía y la ramonita le cumplia creer o reventar io lo viví lo june lo sentei y hoy es un recuerdo groso lleno de respeto fe y admiración algo autóctono de mi docta ciudad
ResponderEliminarExistirá algún documento fotográfico de ella ??
ResponderEliminarHubo una canción de aldo monjes dedicado a ramonita moreno.cual es el nombre
ResponderEliminarAquellos cordobeses (Armando Freyre y Ricardo Sandoval)- por Aldo Monges (1973)
ResponderEliminarhttps://www.youtube.com/watch?v=jfwsKcqsg60
Versión de 5 sentidos y Marcelo Santos (2021)
https://www.youtube.com/watch?v=k4RbOAhcqjw