viernes, 26 de marzo de 2010

ÉL

Usa anteojos y un bastón de cuatro patas. A pesar de sus ochenta y tantos años, siempre tiene una pregunta que lo inquieta.
Mi abuelo: el hombre más sabio que conozco. El viejo más joven de mi vida. Mi rival en las discusiones más insólitas.
Cada tarde, me recibe con el mate listo. Respeta mis silencios y yo, los suyos. Nos conocemos. Pensamos de la misma forma y aunque él me lleve una vida de ventaja, siempre tiene algo que aprender de mí.
Somos un par que no pareciera tener química. Él está lleno de vida. Yo escucho los cuentos que ya me recitó una y mil veces. Me los cuenta desde lo más profundo de su corazón, porque a los libros, los tuvo que quemar durante la dictadura.
Cuando lo miro a los ojos o lo escucho hablar, me sorprendo de que no sea mi hermano, o mi compañero de clases.
Se enoja de las injusticias, tanto como yo. Pero él se apasiona. Grita. Se va por las ramas.
Está enamorado de su mujer como el primer día, pero lo niega, a pesar de que su mirada empañada hable de amor.
Él no lo sabe, pero yo lo admiro… y sé que, aunque jamás me lo exprese, en algún punto, él también está orgulloso de mí.
Te quiero, Tati!

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