Colectivo urbano. Ejemplo de diversidad si los hay.
Es notable la cantidad de culturas que se cruzan por casualidad, en esta tediosa máquina de seis ruedas.
Todos tan individuales, y todos tan “colectivos”.
Llevo casi dos años de viaje en ómnibus. Y recién ahora me atrevo a abrir mis oídos, y a dirigir mi mirada hacia otro lado que no sea la ventana maltratada, sintiendo cómo pasa el asfalto bajo mis pies.
Es fácil diferenciar varias “tribus colectivas”. Entre ellas:
Los “mp3”, que siempre llevan en su oído una cucaracha estrepitosa. Considero que no se enteran de nada de lo que pasa a su alrededor y están concentrados solo en esos ruidos que circulan por los cables delgados.
Los “viejos joviales”. Suben, pagan y cuando uno se levanta para cederles el asiento, te contestan mirándote de reojo, desde arriba, “no gracias, puedo ir parado”.
Los “reencontrados”, que por lo general tienen entre 20 y 30 años, y han sido compañeros de colegio o de algún trabajo pasajero. Hablan del embarazo de Fulana y del casamiento de Mengana. De sus hijos y de lo que les dan de comer. De la herencia de la abuela y del alquiler del departamento… Los “reencontrados” son una sutil mezcla de presente y pasado… Todo termina cuando uno de ellos baja una o dos paradas antes a las del otro.
Otro conjunto descomprimido del colectivo, es el de los “escolares”. Suben de a cuatro o cinco. Llevan uniformes y ocasionalmente, una carpeta tamaño rivadavia plagada de inscripciones.
Hablan de temas sin hilo conductor. Empiezan con la “prueba de historia” y terminan con la salida del sábado siguiente. Lo único que tienen en común es el monótono uniforme, que termina en mocasines negros… llenos de tierra.
Luego aparecen “los cordiales caballeros”. Ellos en realidad, no suben nunca… o al menos no me los he cruzado.
Los “agobiados”, jamás se encontrarán de pie. Al parecer crean un mecanismo protector mediante el cual se ven en el impedimento de levantarse de su asiento. Siempre están dormidos, pero nunca se pasarán de parada.
A veces me pregunto si los cordiales caballeros coinciden con los agobiados. Generalmente los agobiados pertenecen al género masculino.
Otra cuestión, es la cantidad de cosas que uno se entera viajando en colectivo, con el simple hecho de detenerse a leer los garabatos de su interior:
Entre otras cosas, supe que Vero es hincha de Belgrano. Que Pao está enamorada de Sergio. Que a Eve, le gusta la música de La Mona Jiménez. Que “La Negra y La Flaca” son amigas. Que barrio SEP manda, quién sabe sobre qué…
¿No es a caso el colectivo una fiel muestra de lo que somos?
En él, viajan el docente y el alumno.
El arquitecto y el albañil.
El universitario y el analfabeto.
El policía y el ladrón.
El empresario y el mendigo.
… Todos entrecruzados en el estrecho pasillo, sin percatarse del otro.
Ésa es nuestra cultura. Así somos. Antagónicos. Iguales y diferentes entre nosotros mismos.
El colectivo es el espejo de esta unidad.
Y allí estamos. Esperando en la misma fila. El mismo rumbo pero destinos totalmente distintos. Y eso somos.
Una triste mixtura de individuales y colectivos.
¿Irónico, no?
Luna
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