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jueves, 7 de junio de 2012

Azares

Soñé un colectivo sin gloria 
que usaba una máscara 
 y ocultaba la vergüenza. 
Con siete años de cargos inventados, 
decir "racha" es poner una excusa.
 Aún no logro reducir los secuestros 
a crónicas rojas de amor y venganza. 
Desperté y un cancionero me explicó que no soñaba. 
Me consuela que algo queda,
 aún cuando el mundo hubiese ensordecido.

lunes, 7 de marzo de 2011

Sólo por hoy


“Tengo que poder”. Esa es la frase con la que decido empezar este raro lunes de marzo. La humedad es insoportable, y todo está muerto de la vereda para afuera. Odio los domingos, y parece que el día de ayer se hubiese extendido veinticuatro horas más.
Vivo, al igual que otros argentinos, en un clima antagónico y desesperante. El canal oficial pregona una alegría que no percibo. No sé qué pasa, pero siento que me pierdo de algo si sigo frente a esta máquina tratando de parir un par de líneas enfermas. Dicen que hoy es carnaval. Así lo dispuso la Presidenta un par de meses atrás. Yo, mientras tanto, tengo el espíritu en blanco y negro. Ni siquiera sé qué es lo que se festeja. Antes de la última dictadura militar, el carnaval era feriado (como ahora). Pero resulta que yo nací en democracia, y traigo conmigo ese bicho congénito que es la falta de memoria. Mis viejos tampoco se acuerdan de qué se trataba. En la niñez, asociaba al carnaval con un par de ridículos disfrazados con plumas sintéticas y pedacitos de espejos, que se dispersaban por las calles en busca de monedas dolarizadas, haciendo ruido con un silbato chillón. En esa época, los quioscos ponían a la venta unos globos de colores que se inflaban con agua para convertirse en un juego invaluable. Detesto el azúcar con que otros miran hacia atrás, pero no puedo evitar hacerlo. Hoy solamente sé que los chicos no van a la escuela, que los bancos están cerrados, que los municipales se tomaron el fin de semana, que los teatros de revista volvieron a llenarse, que en los hoteles no hay lugar disponible y que no transmiten las telenovelas de la noche.
Es una rara locura, pero tengo que poder. Tengo que poder acostumbrarme a que no todo es conmemoración. Tengo que poder salir a la calle y respirar el clima del carnaval. Tengo que poder entender que la infancia necesita nuevas esperanzas. Tengo que poder creer que esto sirve para algo. Tengo que poder terminar de escribir lo que no puedo decir. Tengo que poder teñir con otros colores a mi viejo almanaque “verde militar”.
Hoy, y solamente hoy, siento que la exuberante cubana de la salsa, tenía razón. Al fin y al cabo, la vida es un carnaval.

@strellasalerno

miércoles, 16 de diciembre de 2009

27.556

27. 556:
En algún lado leí de tu existencia. Supe que luchaste por una justicia invisible.
Nadie me ha dicho tu nombre, y creo que lo más difícil será averiguarlo. Sos solo uno más de ese montón infinito hecho huesos en algún pozo profundo.
Tal vez el veredicto ya haya sido dictado. A mí no me conforma, porque aún no sé quién soy.
¿A quién pertenece mi sonrisa? ¿De quién heredé esa rebeldía que me impulsa a obtener lo que quiero?
Necesito saber muchas cosas que todavía nadie se ha animado a escribir. Quiero que alguien me explique con qué necesidad me arrancaron de tus brazos. Crecí con una venda en los ojos, y engañado.
27.556, ya tengo muchas versiones… pero quiero escuchar la tuya.
Esas ilusas utopías pueden ser parte del legado que me dejaste. Pero no lo sé. Porque hay algo en mi memoria que no está funcionando. Una nube de falsa felicidad me persigue. Lo peor es que nadie me ayuda… porque el monstruo del olvido ha amenazado a toda esta gente que está a mi alrededor. Nadie se anima a hablar de lo que me pasa. Pero sé que no soy el único confundido.
Anoche soñé con tu voz difusa. Pero no vi tu rostro. Me hablaste de la libertad, de la importancia que tienen los sueños para poder cambiar el mundo. Al despertar, ya no estabas…
El cuento dice que estuviste preso. Pero yo ya no creo en cuentos… a esa inocencia me la arrancaron cuando cambiaron mi nombre y mi vida por esto que soy ahora.
Yo sé que te mataron, que te hicieron sufrir. La tortura fue tu lecho de muerte. La impunidad se hizo diaria y el sabor amargo de no saber quién soy ya es parte de mi vida.
Los años siguen pasando, y yo al parecer no tengo pasado. Soy el invento de una Argentina mentirosa.
La impunidad me desgarra el alma. El verde que todos asocian con la esperanza, a mí me da asco… y se me vienen a la mente imágenes que no sé si existen… Te veo gritando y pidiendo justicia. Te veo marchando alrededor de una plaza. Te veo cantando una canción prohibida y leyendo un libro censurado. Te veo pidiendo por mi vida. Vida que me quitaron desde que te fuiste.
27.556, quiero que dejes de ser un número. Quiero que te devuelvan la identidad de tu nombre. Para eso estoy aquí. Para gritar con la voz que te callaron. Padre, estoy luchando contra la amnesia colectiva. No me abandones.
Tu hijo, el Anónimo.