Soy una más de ese montón de bohemios que tienen el afán de explicarle al mundo que son las palabras su único eje de rotación.
viernes, 1 de julio de 2011
De Naranjas y Limones
Cada vez que me entrego a la desesperación y no soy capaz de escribir dos líneas, me doy cuenta de que no tengo por qué hacerlo, a menos que algo inesperado me suceda. Ésta es, quizás, la causa de estos renglones, que se niegan a salir de mi cabeza:
Es la primera vez que recibo un libro del propio autor. (No. En realidad es la segunda, pero el anterior venía de la mano de un político porteño, mezquino, que se aventuró a llenar páginas según su interés al corto plazo se lo dictó).
“A vos te tengo respeto”, le dije, cierto día, después de dos años de compartir las mismas cuatro paredes. Es que sus preguntas, sus comentarios, sus inquietudes siempre van más allá de lo que cualquier profesor estándar podría esperar. Ése es el problema: él no es estándar.
Esa primera conversación, se guardó para siempre en mi cerebro, y desde aquella vez, las charlas configuran más de tres oraciones que, según quien las escuche, pueden tener o no cierto sentido.
Se define a sí mismo como “un experimento cuyo resultado es forzosamente predecible”. Está loco y lo sabe. De predecible no tiene absolutamente nada. Dice que soy su única lectora, pero parece que el reinado se está acabando… su blog, a diferencia del mío, nació como un simple deber curricular, y se convirtió en una obra literaria del orden más perverso para los viejos lectores: el digital.
Sin embargo, cada prosa es una sorpresa, que, como diría mi viejo, “te la deja picando”.
Sabe que lo admiro, pero muy dentro suyo se debe reír cuando se me acaba el chamuyo, y no puedo responderle con la misma calidad con la que me habla. Sin embargo, atrás del groso, del escritor, del colega, está el amigo que reniega de las patéticas cenas familiares, y sueña con un viaje sin itinerario. Toca la guitarra, y- como yo- nada en contra del cardumen. “Escribe con la derecha, pero piensa con la izquierda”. Pasa desapercibido. Usa ropa de marca, y lo admite. Conoce a Dussel como a su hermano, y puede saltar de una conversación sobre política, a una descarada crítica a quien no le cae bien. Sin escalas.
Más que un amigo, creo que convivo con un Problema Mayúsculo. Y me encanta.
@strellasalerno
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