Pasiones escondidas
Roban de mi alma
Osadas
Historias de amor.
Imagino una y otra vez tus
Besos fogosos,
Inquietando la
Dureza del
Olvido.
(Luna)
Soy una más de ese montón de bohemios que tienen el afán de explicarle al mundo que son las palabras su único eje de rotación.
lunes, 28 de diciembre de 2009
miércoles, 16 de diciembre de 2009
27.556
27. 556:
En algún lado leí de tu existencia. Supe que luchaste por una justicia invisible.
Nadie me ha dicho tu nombre, y creo que lo más difícil será averiguarlo. Sos solo uno más de ese montón infinito hecho huesos en algún pozo profundo.
Tal vez el veredicto ya haya sido dictado. A mí no me conforma, porque aún no sé quién soy.
¿A quién pertenece mi sonrisa? ¿De quién heredé esa rebeldía que me impulsa a obtener lo que quiero?
Necesito saber muchas cosas que todavía nadie se ha animado a escribir. Quiero que alguien me explique con qué necesidad me arrancaron de tus brazos. Crecí con una venda en los ojos, y engañado.
27.556, ya tengo muchas versiones… pero quiero escuchar la tuya.
Esas ilusas utopías pueden ser parte del legado que me dejaste. Pero no lo sé. Porque hay algo en mi memoria que no está funcionando. Una nube de falsa felicidad me persigue. Lo peor es que nadie me ayuda… porque el monstruo del olvido ha amenazado a toda esta gente que está a mi alrededor. Nadie se anima a hablar de lo que me pasa. Pero sé que no soy el único confundido.
Anoche soñé con tu voz difusa. Pero no vi tu rostro. Me hablaste de la libertad, de la importancia que tienen los sueños para poder cambiar el mundo. Al despertar, ya no estabas…
El cuento dice que estuviste preso. Pero yo ya no creo en cuentos… a esa inocencia me la arrancaron cuando cambiaron mi nombre y mi vida por esto que soy ahora.
Yo sé que te mataron, que te hicieron sufrir. La tortura fue tu lecho de muerte. La impunidad se hizo diaria y el sabor amargo de no saber quién soy ya es parte de mi vida.
Los años siguen pasando, y yo al parecer no tengo pasado. Soy el invento de una Argentina mentirosa.
La impunidad me desgarra el alma. El verde que todos asocian con la esperanza, a mí me da asco… y se me vienen a la mente imágenes que no sé si existen… Te veo gritando y pidiendo justicia. Te veo marchando alrededor de una plaza. Te veo cantando una canción prohibida y leyendo un libro censurado. Te veo pidiendo por mi vida. Vida que me quitaron desde que te fuiste.
27.556, quiero que dejes de ser un número. Quiero que te devuelvan la identidad de tu nombre. Para eso estoy aquí. Para gritar con la voz que te callaron. Padre, estoy luchando contra la amnesia colectiva. No me abandones.
Tu hijo, el Anónimo.
En algún lado leí de tu existencia. Supe que luchaste por una justicia invisible.
Nadie me ha dicho tu nombre, y creo que lo más difícil será averiguarlo. Sos solo uno más de ese montón infinito hecho huesos en algún pozo profundo.
Tal vez el veredicto ya haya sido dictado. A mí no me conforma, porque aún no sé quién soy.
¿A quién pertenece mi sonrisa? ¿De quién heredé esa rebeldía que me impulsa a obtener lo que quiero?
Necesito saber muchas cosas que todavía nadie se ha animado a escribir. Quiero que alguien me explique con qué necesidad me arrancaron de tus brazos. Crecí con una venda en los ojos, y engañado.
27.556, ya tengo muchas versiones… pero quiero escuchar la tuya.
Esas ilusas utopías pueden ser parte del legado que me dejaste. Pero no lo sé. Porque hay algo en mi memoria que no está funcionando. Una nube de falsa felicidad me persigue. Lo peor es que nadie me ayuda… porque el monstruo del olvido ha amenazado a toda esta gente que está a mi alrededor. Nadie se anima a hablar de lo que me pasa. Pero sé que no soy el único confundido.
Anoche soñé con tu voz difusa. Pero no vi tu rostro. Me hablaste de la libertad, de la importancia que tienen los sueños para poder cambiar el mundo. Al despertar, ya no estabas…
El cuento dice que estuviste preso. Pero yo ya no creo en cuentos… a esa inocencia me la arrancaron cuando cambiaron mi nombre y mi vida por esto que soy ahora.
Yo sé que te mataron, que te hicieron sufrir. La tortura fue tu lecho de muerte. La impunidad se hizo diaria y el sabor amargo de no saber quién soy ya es parte de mi vida.
Los años siguen pasando, y yo al parecer no tengo pasado. Soy el invento de una Argentina mentirosa.
La impunidad me desgarra el alma. El verde que todos asocian con la esperanza, a mí me da asco… y se me vienen a la mente imágenes que no sé si existen… Te veo gritando y pidiendo justicia. Te veo marchando alrededor de una plaza. Te veo cantando una canción prohibida y leyendo un libro censurado. Te veo pidiendo por mi vida. Vida que me quitaron desde que te fuiste.
27.556, quiero que dejes de ser un número. Quiero que te devuelvan la identidad de tu nombre. Para eso estoy aquí. Para gritar con la voz que te callaron. Padre, estoy luchando contra la amnesia colectiva. No me abandones.Tu hijo, el Anónimo.
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miércoles, 9 de diciembre de 2009
Cobarde.
Lidié con un amor errante y,
sin pensar me abrumó la tarde.
Tal vez sin querer me ganó el engaño.
Y me sorprendió la noche en soledad.
Fui la heroína de una historia difusa.
Te amé en silencio y a escondidas.
Enclavé entre sombras la bandera del olvido.
Y le declaré la guerra a mi corazón.
Te soñé dormido, mientras dormías.
Derramé en la tierra lágrimas vacías.
Me ahogué en un cuento que nunca existió.
Mi sorda almohada escuchó mi llanto,
y a cada segundo se quebró mi voz.
Enlacé en el viento una súplica blanca,
Y con lúgubres miedos apagué mi amor.
Huí de tus besos, cobarde, cansada.
Me escapé del mundo, me escapé de vos.
sin pensar me abrumó la tarde.
Tal vez sin querer me ganó el engaño.
Y me sorprendió la noche en soledad.
Fui la heroína de una historia difusa.
Te amé en silencio y a escondidas.
Enclavé entre sombras la bandera del olvido.
Y le declaré la guerra a mi corazón.
Te soñé dormido, mientras dormías.
Derramé en la tierra lágrimas vacías.
Me ahogué en un cuento que nunca existió.
Mi sorda almohada escuchó mi llanto,
y a cada segundo se quebró mi voz.
Enlacé en el viento una súplica blanca,
Y con lúgubres miedos apagué mi amor.
Huí de tus besos, cobarde, cansada.
Me escapé del mundo, me escapé de vos.
martes, 8 de diciembre de 2009
La Noche
La noche me entrega su música, sólo para que me ponga a pensar.
Pienso. Pero quiero existir.
Quiero saber a dónde me lleva el mundo.
Quiero saber qué es el mundo y para que estoy aquí.
Dicen que a la respuesta la tiene la vida.
Yo no lo creo. Para mí a la respuesta la tiene el vivir.
¿Quién soy yo? ¿Quién sos vos? ¿Quién es el otro? ¿Y el otro?
Cuando quiero acordar, el silencio me atormenta, y no me sale otra cosa que gritar.
Tengo un par de ojos opacos, transparentes, dispersos. Quisiera mirar a través de ellos, todos los contornos. Esa perfección.
Tengo dos manos dormidas. Ásperas, frías. Quiero tocar con ellas, la lluvia de un noviembre calcinado.
Quiero que el viento me envuelva. Sola, perdida, sin rumbo.
Quiero ahogar el pasado y ensordecerme de hoy.
Quiero que viva el poeta que no habla de amores, pero habla de amor.
Quiero que el tiempo no exista, porque quiero existir yo. Y quiero morir, pero sin tiempos, ni horas, ni nada.
La noche sigue su andar y se cuela en mi habitación vacía.
Quiero encontrar un destino, antes de que el destino me sorprenda a mis espaldas.
Luna.
Pienso. Pero quiero existir.
Quiero saber a dónde me lleva el mundo.
Quiero saber qué es el mundo y para que estoy aquí.
Dicen que a la respuesta la tiene la vida.
Yo no lo creo. Para mí a la respuesta la tiene el vivir.
¿Quién soy yo? ¿Quién sos vos? ¿Quién es el otro? ¿Y el otro?
Cuando quiero acordar, el silencio me atormenta, y no me sale otra cosa que gritar.
Tengo un par de ojos opacos, transparentes, dispersos. Quisiera mirar a través de ellos, todos los contornos. Esa perfección.
Tengo dos manos dormidas. Ásperas, frías. Quiero tocar con ellas, la lluvia de un noviembre calcinado.
Quiero que el viento me envuelva. Sola, perdida, sin rumbo.
Quiero ahogar el pasado y ensordecerme de hoy.
Quiero que viva el poeta que no habla de amores, pero habla de amor.
Quiero que el tiempo no exista, porque quiero existir yo. Y quiero morir, pero sin tiempos, ni horas, ni nada.
La noche sigue su andar y se cuela en mi habitación vacía.
Quiero encontrar un destino, antes de que el destino me sorprenda a mis espaldas.
Luna.
Bendito Fin de Año.
Las fiestas. ¿Qué fiestas?... Ese voraz cuento que el hombre inventó para olvidarse del mundo… Esa falsa mirada optimista de un año que se escapa…
Esa hipócrita cena familiar detrás de la que se esconde un no sé qué. Bueno sí sé qué. Se esconden esas ganas de gritarle a tus viejos cuánto los querés pero sos un cagón que no se anima. Se esconde esa nostalgia de la magia de las navidades pasadas.
Se esconde un vaso medio vacío y otro medio lleno.
Se esconde tu abuela de una lágrima que se le fugó.
Tu hermano huyendo de los abrazos…
Tu viejo no aceptando que ya no sos el mismo. Tu vieja cansada… porque para ella, todos los días son lunes.
Cuando no hay tema de conversación, el ruido de los cubiertos habla por sí solo. O, en última instancia, en cada rincón de la mesa hay un grupo en lo suyo…
Y comen, comen, comen… como si el mundo se acabara al otro día.
Y salta tu tío, el colgado, queriendo hacer un chiste… algunos se ríen, pero otros están muy concentrados… comiendo.
De pronto esa noche, todos se olvidan de los rencores… hasta el otro día en que las cosas vuelven a la normalidad.
“Año nuevo, vida nueva”… y vos lo único que estrenás es una bombacha rosa, como para no perder la costumbre.
En definitiva, de eso se trata: de costumbres.
La radio hace la bulla que genera el clima. Los temas más viejos resuenan de ese trasto eléctrico.
Se acerca “la hora”… Y da la sensación de que todo se acaba y todo comienza de nuevo. Tu cuenta regresiva jamás coincide con la de la tele, ni con la de los vecinos.
A mí, me dan ganas de llorar. Algo en el estómago se me hace un nudo…
Y me quiero ir, y me quiero quedar.
El encargado de llenar las copas para el brindis siempre grita “a ver quién se casaaaa”.
Y el maldito corcho siempre te pega en el hombro. O si no a tu prima… que ya no sabe cómo hacer para hacerte entender que está estrenando un par de zapatos.
Pero son las fiestas… así que sonreí.
Sonreí porque tenés con quien pasarlas… sonreí porque vos podés cenar… sonreí porque tus amigos te escribieron un mensaje… y eso significa que te recuerdan.
Sonreí porque a pesar de todo, la familia se reúne una vez al año.
Sonreí porque tenés ojos para ver las luces en el cielo y oídos para quejarte de los ruidos.
Sonreí porque en lo de tus abuelos, seguro pasó el gordo cachetón y algo te dejó.
Sonreí porque los chicos no saben de problemas… y para ellos las mentiras no existen.
Sonreí porque tenés un abuelo que se quiere ir a dormir temprano.
Sonreí porque estás vivo… y eso ya es motivo para festejar.
Luna.
Esa hipócrita cena familiar detrás de la que se esconde un no sé qué. Bueno sí sé qué. Se esconden esas ganas de gritarle a tus viejos cuánto los querés pero sos un cagón que no se anima. Se esconde esa nostalgia de la magia de las navidades pasadas.
Se esconde un vaso medio vacío y otro medio lleno.
Se esconde tu abuela de una lágrima que se le fugó.
Tu hermano huyendo de los abrazos…
Tu viejo no aceptando que ya no sos el mismo. Tu vieja cansada… porque para ella, todos los días son lunes.
Cuando no hay tema de conversación, el ruido de los cubiertos habla por sí solo. O, en última instancia, en cada rincón de la mesa hay un grupo en lo suyo…
Y comen, comen, comen… como si el mundo se acabara al otro día.
Y salta tu tío, el colgado, queriendo hacer un chiste… algunos se ríen, pero otros están muy concentrados… comiendo.
De pronto esa noche, todos se olvidan de los rencores… hasta el otro día en que las cosas vuelven a la normalidad.
“Año nuevo, vida nueva”… y vos lo único que estrenás es una bombacha rosa, como para no perder la costumbre.
En definitiva, de eso se trata: de costumbres.
La radio hace la bulla que genera el clima. Los temas más viejos resuenan de ese trasto eléctrico.
Se acerca “la hora”… Y da la sensación de que todo se acaba y todo comienza de nuevo. Tu cuenta regresiva jamás coincide con la de la tele, ni con la de los vecinos.
A mí, me dan ganas de llorar. Algo en el estómago se me hace un nudo…
Y me quiero ir, y me quiero quedar.
El encargado de llenar las copas para el brindis siempre grita “a ver quién se casaaaa”.
Y el maldito corcho siempre te pega en el hombro. O si no a tu prima… que ya no sabe cómo hacer para hacerte entender que está estrenando un par de zapatos.
Pero son las fiestas… así que sonreí.
Sonreí porque tenés con quien pasarlas… sonreí porque vos podés cenar… sonreí porque tus amigos te escribieron un mensaje… y eso significa que te recuerdan.
Sonreí porque a pesar de todo, la familia se reúne una vez al año.
Sonreí porque tenés ojos para ver las luces en el cielo y oídos para quejarte de los ruidos.
Sonreí porque en lo de tus abuelos, seguro pasó el gordo cachetón y algo te dejó.
Sonreí porque los chicos no saben de problemas… y para ellos las mentiras no existen.
Sonreí porque tenés un abuelo que se quiere ir a dormir temprano.
Sonreí porque estás vivo… y eso ya es motivo para festejar.
Luna.
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