lunes, 22 de octubre de 2012

Mi Yegua Alicia



Siempre digo que el día que me compre una yegua, le voy a poner de nombre Alicia. Tengo las mismas posibilidades de tener una yegua, que de ir a Egipto en carácter de mochilera.  Pero el nombre ya está elegido, y no lo pienso discutir con nadie que se interponga entre mis inverosimilitudes y yo.
 No es que me guste “Alicia”, porque de esa manera lo proyectaría en una hija, y no en una yegua. Tampoco es que no me guste. Alicia es un nombre de origen griego y
 significa “protectora”. Le quedaría mejor a una madre que a una hija, y -mucho mejor aún- que a una yegua.  Ocurre que mi imaginación me lleva a futuros improbables, y a pasados destejidos en pesadillas presentes.
En este caso, Alicia no es la nena que corrió al conejo, ni cualquier otra Alicia que haya hecho historia y que pudiera aparecer de un golpe de teclado en Google.
Alicia me despierta una o dos noches al mes, y me hace latir el corazón con una fuerza implacable. Sabe que su mirada, blanca de tanto azul, limpia mi cerebro y lo deja completamente nulo. Intimida con sus uñas, perfectas y coloradas. Camina sigilosa entre pasillo y pasillo, con zapatos que apenas se distinguen en el silencio fortuito.
Cuenta la leyenda que se la ve  sonreír una vez al año y que nada tienen que ver los horóscopos para que el fenómeno ocurra.  Alicia es hermosa, inteligente, justa, madura. Tanto que es imposible encontrarle la infancia entre líneas.
Anoche volvió a encontrarme.
-¿Qué querés, Alicia?
- ¿Qué parte no entendiste?-
 Me dijo, con los ojos más abiertos que nunca. Y otra vez la misma adrenalina me cosquilleó la piel. Empalidecí.
Puso frente a mí una hoja garabateada que se estiraba sin control hacia abajo. Llegó  hasta mis rodillas, serpenteó sobre mis tobillos y me enroscó como a una presa debilucha en un bosque de papel. 
Alicia dominaba la situación en reserva, y mis gritos afónicos apenas  tenían una leve acústica en lo más remoto de mi inconsciente.
Me sudaban las manos y el ritmo de la respiración marcaba las etapas de la lucha entre la hoja y yo.
Los garabatos comenzaron a desprenderse del papel, y caminaban en filas como bichos huyendo de la tormenta. Alicia miraba, inmóvil, con los brazos cruzados. Siempre en silencio.
Los cuasi gorgojos brotaban en hervideros furiosos y se enlazaban acollarándome  sin piedad.
Di varios alaridos en vano. La única testigo era ella, que parecía indicar, como director de orquesta, el recorrido que debían hacer las manchas  de tinta para apoderarse de mi poca lucidez.
-¿Qué parte no entendés?
-Ninguna, Alicia…
Temí por mi vida. Decirle la verdad siempre me hizo sentir una idiota.
-No pudiste haber llegado hasta acá sin entender nada…
Algo de razón tenía: nadie puede sacarse las medias, si antes no se quitó los zapatos. Pero yo seguía allí, atrapada en muros que había saltado cinco años atrás…
El papel ya me había quitado casi la totalidad del oxígeno, y los bichos me succionaban hasta las ganas de seguir.
Alicia no se inmutaba ante mis plegarias. Gozaba de mi lenta agonía…

Números que eran letras y letras que jamás habían sido números. Raíces que abandonaron sus árboles  y cuadrados entre paréntesis. Senos que se fueron por la tangente, y yo, que me fui junto con ellos. Corchetes  bajo llaves y binomios conviviendo con polinomios.
Hipotenusas sobre catetos y catetos sin saber que estaban subordinados. Pi y Alfa bailando un  vals, festejando haber encontrado la equis perdida.  Un ángulo adyacente se abría, sensual, a la par de su suplementario…
Alicia empezó a reír… No sé si habían pasado 365 días, pero la mujer reía sin culpas, y yo caía rendida, envuelta en una crisis que debí superar hace tiempo.
Desperté con el mismo nerviosismo de aquellos años, ni lejanos ni cercanos.
Un lustro  estudiando periodismo y sin verla debió resolver mi karma, pero no.
En Argentina le decimos “yegua” a las mujeres hermosas y también a las perversas y malintencionadas.
Los círculos se cierran (paradoja mediante). Ya ven por qué quiero que mi  potra se llame Alicia.  Una breve alusión a mi profesora de matemáticas.