lunes, 7 de marzo de 2011

Sólo por hoy


“Tengo que poder”. Esa es la frase con la que decido empezar este raro lunes de marzo. La humedad es insoportable, y todo está muerto de la vereda para afuera. Odio los domingos, y parece que el día de ayer se hubiese extendido veinticuatro horas más.
Vivo, al igual que otros argentinos, en un clima antagónico y desesperante. El canal oficial pregona una alegría que no percibo. No sé qué pasa, pero siento que me pierdo de algo si sigo frente a esta máquina tratando de parir un par de líneas enfermas. Dicen que hoy es carnaval. Así lo dispuso la Presidenta un par de meses atrás. Yo, mientras tanto, tengo el espíritu en blanco y negro. Ni siquiera sé qué es lo que se festeja. Antes de la última dictadura militar, el carnaval era feriado (como ahora). Pero resulta que yo nací en democracia, y traigo conmigo ese bicho congénito que es la falta de memoria. Mis viejos tampoco se acuerdan de qué se trataba. En la niñez, asociaba al carnaval con un par de ridículos disfrazados con plumas sintéticas y pedacitos de espejos, que se dispersaban por las calles en busca de monedas dolarizadas, haciendo ruido con un silbato chillón. En esa época, los quioscos ponían a la venta unos globos de colores que se inflaban con agua para convertirse en un juego invaluable. Detesto el azúcar con que otros miran hacia atrás, pero no puedo evitar hacerlo. Hoy solamente sé que los chicos no van a la escuela, que los bancos están cerrados, que los municipales se tomaron el fin de semana, que los teatros de revista volvieron a llenarse, que en los hoteles no hay lugar disponible y que no transmiten las telenovelas de la noche.
Es una rara locura, pero tengo que poder. Tengo que poder acostumbrarme a que no todo es conmemoración. Tengo que poder salir a la calle y respirar el clima del carnaval. Tengo que poder entender que la infancia necesita nuevas esperanzas. Tengo que poder creer que esto sirve para algo. Tengo que poder terminar de escribir lo que no puedo decir. Tengo que poder teñir con otros colores a mi viejo almanaque “verde militar”.
Hoy, y solamente hoy, siento que la exuberante cubana de la salsa, tenía razón. Al fin y al cabo, la vida es un carnaval.

@strellasalerno